La idea en pocas palabras
Guarda más que un enlace. Anota quién dijo qué, cuándo y con qué fundamento. Busca el material original que sustenta la afirmación y señala como desconocidos los eslabones que faltan.
Pasar del resumen al registro
Identifica si estás leyendo un registro original, una interpretación o el resumen de otra persona. Todos pueden ser útiles, pero no respaldan los mismos juicios.
Retrocede un paso: ¿de qué página sale la captura? ¿Qué informe completo hay detrás del resumen? ¿La cita conserva sus condiciones? Anota cuando no encuentres el material.
Conservar fecha y versión
Un enlace no garantiza que el contenido permanezca igual. Registra título, autor o editor, fecha de publicación y fecha de consulta. Añade la versión cuando puedas establecerla.
Esto facilita una comprobación posterior; no es un sello automático de credibilidad. No adivines fechas, autores o versiones por el aspecto de una página.
Comprobar qué respalda realmente la fuente
Una vez encontrado el original, pregunta si sostiene la afirmación que se repite. ¿A quién se observó, durante qué periodo y con qué medida? ¿Se perdió alguna limitación al resumir?
En un ejemplo hipotético, una lectura «mejor» puede significar terminar antes o explicar con más claridad. Sin la comparación original, no decidas el significado en nombre de la fuente.
Crear una ficha de fuente revisable
Conserva seis elementos: fuente, afirmación, fecha y alcance, material de apoyo, límites y siguiente paso. Precisa lo establecido y deja visibles las lagunas.
El siguiente paso no tiene por qué ser buscar más. Puede consistir en volver a una fuente existente y comprobar si responde a tu pregunta real.