La idea en pocas palabras

Separa un juicio en tres capas: registros comprobables, interpretaciones y datos que faltan. Las tres pueden ser útiles, pero ninguna debería sustituir a otra sin advertirlo.

01

Dar un lugar a cada información

Una pregunta compleja no exige una respuesta completa e inmediata. Anota lo que tienes e identifica el papel de cada elemento en tu juicio.

Un hecho debe remitir a un registro, una fecha y un alcance comprobables. Una inferencia interpreta esa información. Una incógnita es algo no establecido que podría cambiar la comprensión. Clasificar algo como hecho no vuelve fiable su fuente.

02

Trabajar con un ejemplo pequeño

Imagina una conversación sobre la asistencia a una reunión. Es un ejercicio ficticio, no el relato de un acontecimiento real.

Registro: «Firmaron menos personas que la vez anterior». Interpretación: «Quizá haya menos ganas de participar». Incógnitas: «¿Cambió la hora? ¿Se contó a quienes asistieron en línea? ¿Se invitó a las mismas personas?». La asistencia y la motivación son afirmaciones distintas.

03

Comprobar los límites de cada capa

Para un registro, pregunta por su origen, fecha y alcance. Para una inferencia, busca otras explicaciones compatibles. Para una incógnita, identifica qué dato afectaría más al siguiente paso.

No necesitas resolver toda incertidumbre. Empieza por algo importante y comprobable. Mantén los límites pendientes junto a la conclusión, en lugar de borrarlos.

04

Concretar el siguiente paso

Elige una afirmación que te haya hecho dudar. Divídela en registros, interpretaciones e incógnitas. Añade: «Antes de seguir juzgando, comprobaré…».

La ficha no sustituye el juicio profesional ni asigna puntuaciones de fiabilidad. Hace visible lo que sabes, lo que supones y dónde puede empezar la siguiente pregunta.

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