La idea en pocas palabras

Antes de conocer el resultado, escribe tu postura, sus fundamentos, las alternativas y las condiciones de revisión. Después distingue lo conocido entonces, lo aprendido más tarde y el resultado en sí.

01

Guardar una versión anterior al resultado

Al revisar una decisión, el desenlace puede ocupar todo el relato. Antes de actuar, registra lo que sabes, las restricciones y por qué prefieres una opción.

Este es un ejercicio de registro, no una promesa de mejorar decisiones. Permite volver a la información disponible en aquel momento.

02

Incluir el camino no elegido

Anota otra opción que consideraste seriamente y por qué no la elegiste. Si no era viable, identifica la restricción.

No hace falta una lista exhaustiva. Las alternativas que realmente influyeron en el juicio bastan para hacer visibles las compensaciones.

03

Acordar una revisión, no un compromiso perpetuo

Nombra un cambio que justificaría reconsiderar, o un momento de revisión relacionado con la tarea. Vincúlalo con los fundamentos, no con un plazo arbitrario.

Cuando llegue información nueva, identifica primero qué premisa cambió. Decide después si cambia la conclusión. Conserva el motivo de la revisión junto al de la elección inicial.

04

Examinar la información, no solo el resultado

Crea tres columnas: conocido entonces, aprendido después y aún desconocido. Compara luego el desenlace con lo esperado.

Un resultado favorable no demuestra por sí solo que el razonamiento fuera completo; uno desfavorable tampoco invalida cada paso. Separar proceso y resultado permite identificar una mejora concreta.

Volver a las notasAbrir ficha de claridad